23 feb. 2012

Homo sapiens, el mono desnudo

Tuve que tener abandonado el blog por motivos de fuerza mayor, pero acá vuelvo con nuevo material para compartir…

Desmond Morris (zoólogo inglés) tenía serios problemas con el nombre de “Homo sapiens” (el “hombre sabio”). Argumentaba que autodenomninarse así es de una vanidad increíble y desde un punto de vista zoológico, poco exacto. Normalmente en zoología se denomina a una especie de acuerdo a las características evidentes de ésta, de modo que le nombre sirva como una pequeña descripción. Desde un punto de vista zoológico, si fuésemos analizados por un experto externo, nuestro rasgo más distintivo es el hecho que somos simios que no tienen pelos. Básicamente somos “monos desnudos”. Pero seamos sinceros: el nombre “Pithecus calvus” (“mono calvo” entre griego y latín) se porta con harto menos orgullo que “sabio”.

Respecto al pelo hay que partir indicando que no somos completamente “desnudos”: aún conservamos pelo en la zona pubiana, axilas y cabeza principalmente (probablemente con funciones prácticas de protección del sol en el caso de la cabeza y para ayudar a la diseminación de feromonas en el caso de las otras zonas). Pero hay un rasgo curioso: en todas las culturas, en todos los pueblos, en todos los países se da la misma situación: estadísticamente el hombre presenta más pelo que las mujeres. La hipótesis más barajada por la pérdida casi total de pelo, acentuándose más en mujeres, es la selección sexual. Al parecer los machos homínidos tenían cierta predilección por las hembras con menos pelo y por un tema de arrastre genético el propio macho fue perdiendo pelo, aunque siempre en menor cantidad que las hembras.

Si la pérdida de pelo fue provocada por la selección sexual, debería calzar con alguna de las hipótesis presentadas respecto al por qué se elige un rasgo. La explicación más aceptada es la ya explicada referencia a los indicadores genéticos. Se parte de esta base: los ectoparásitos típicos de los humanos (piojos y ladillas) se asocian actualmente sólo a las zonas donde tenemos pelo: Phthirus pubis en la región pubiana; Pediculus humanus capitis sólo en el cabello y una subespecie del cuerpo, Pediculus humanus humanus vino a aparecer con el uso de la ropa.

En teoría, al perder el pelo, reducimos el área en la que estos parásitos nos pueden atacar y se ve facilitada la tarea de localizarlos (el acicalamiento es una actividad social sumamente importante en otros primates). La pérdida de pelo tiene un plus: no sólo permite al afectado estar más limpio de piojos, sino que es un excelente indicador para el compañero sexual respecto a la salud del portador y los parásitos que pueda tener (los piojos pueden transmitir tifus a través de sus heces).

Si perder el pelo es una idea tan buena, ¿por qué lo conservan otros mamíferos que también tienen ectoparásitos? Los más grandes (elefantes, rinocerontes, etc.) pueden darse el lujo de perderlo porque su tamaño hace que pierdan poco calor. En el caso de los humanos, lo que muy probablemente nos permitió prescindir del pelo fue el descubrimiento y dominio del fuego, así como el uso de ropa (algunas cosas curiosas al respecto se pueden leer acá)

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